CAPÍTULO 5
CAUSAS DEL MAL FUNCIONAMIENTO VISUAL. ENFERMEDADES Y EMOCIONES
En el capítulo anterior, resaltamos que el mal funcionamiento visual tiene su origen, en primer lugar, en enfermedades que tienen su centro en los ojos o en otra parte del cuerpo; y en segundo lugar, en alteraciones psicológicas relacionadas con emociones desagradables, como el temor, la angustia, el pesar, el dolor, etc. Sobra decir que en estos casos, el establecimiento del funcionamiento correcto, depende de la eliminación de las causas psicológicas y fisiológicas de la disfunción. Pero también, pueden lograrse notables mejorías con el aprendizaje y práctica del "Arte de ver".
Se puede considerar como un axioma fisiológico general que la mejoría en el funcionamiento de una parte del cuerpo tiende a continuarse en una mejoría orgánica dentro de esa parte. En el caso de enfermedades que tienen su lugar en el ojo mismo, los hábitos erróneos son, con bastante frecuencia, un factor causal o predisponente.
Así pues, el adquirir nuevos y correcto hábitos de visión lleva muchas veces a una rápida mejoría en el estado orgánico de los ojos enfermos.
Inclusive en aquellos casos en que la alteración ocular es sólo el síntoma de una enfermedad que tiene su origen en otra parte del cuerpo, la práctica de hábitos adecuados llevará a alguna mejoría en el estado orgánico del ojo alterado.
Algo así pasa con las alteraciones psicológicas. El perfecto funcionamiento no llegará nunca mientras exista el estado de emoción negativa que produce la disfunción. De cualquier forma, la práctica consecuente del "Arte de Ver" puede mejorar notablemente el funcionamiento, aún cuando persista el estado psicológico desagradable. Sin el aprendizaje de este arte, será muy difícil, aunque desaparezcan las causas perturbadoras, acabar los hábitos erróneos contraídos cuando existían estas causas. Por otra parte, la mejoría de la función visual puede ser un factor favorable en el estado mental perturbado. Muchos tipos de funcionamiento incorrectos producen una marcada excitación nerviosa (en el caso de los individuos con hipermetropía, por ejemplo, sobre todo cuando hay una tendencia al estrabismo divergente, la tensión nerviosa no es muy clara, y el enfermo puede encontrarse en un estado de intranquilidad y excitación cercano a la locura). Este estado nervioso, es un agravante más en esa realidad psicológica perturbadora. La intensificación de la perturbación acrecienta el problema ocular que, a su vez, aumenta la tensión nerviosa, y ésta, agrava nuevamente el estado perturbador, entrando en un círculo vicioso.
No obstante, y afortunadamente, existen también círculos virtuosos. La mejoría del funcionamiento cura la tensión relacionada con la disfunción, y este alivio actúa favorablemente sobre el estado general. Eliminar la tensión no borrará, lógicamente, las circunstancias perturbadoras, pero ayudará a hacerlas más soportables y menos peligrosas en sus consecuencias sobre la función visual.
Queda pues clara la enseñanza. Cuando hay motivos para pensar que el mal funcionamiento visual nace completamente o en parte en una enfermedad o una emoción perturbadora, debemos actuar para eliminar esas causas. Claro, mientras aprendamos el "Arte de Ver".