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A veces las cosas pasan tan rápido que tardas en digerirlo. Es como si te pasaran una película acelerada y de pronto te encuentras en situaciones que no sabes ni como llegaste a ellas, pero ahí estas y tienes que resolverlas.
Así estábamos Moncayo, Mata y yo con todo el estrés encima, el Chacal herido de una pierna y Esteban Blanco apuntándole en la cabeza con una nueve milímetros.
Todo había sido tan rápido y en medio de una nube de pólvora, en un departamento de Infonavit tuvimos que resolver aún más rápido.
En ese momento no piensas. Estábamos tan cerca de protagonizar una carnicería que eso era lo más fácil, disparar a lo pendejo y masacrar al Blanco, pero existían muchos riesgos, el primero y más importante que el jalecito ese nos lo estábamos aventando por la libre.
Si ya de por sí explicar como llegamos ahí y porque había un lesionado iba a ser difícil lo que venía podía ser aún peor, sobre todo con Asuntos Internos siguiéndonos los pasos.
─ ¡Suelta la pistola cabrón! –gritos como ese se repitieron como tres o cuatro veces con groserías todavía peores, pero afortunadamente el colmillo de Mata nos sacó de la bronca en cuestión de segundos.
Fue el único de los tres que se dio cuenta que el Blanco estaba bien aturdido por el disparo que él mismo había hecho en contra del Chacal, porque andaba bien paniqueado por el cristal que se había metido.
Eso nos daba una pequeña ventaja que Mata aprovechó magistralmente, porque el Blanco nunca se percató cuando este se le acercó y por eso le pudo acomodar sendo madrazo en la cara con la cacha de su escopeta.
De ahí todo lo demás vino sólo.
También tuve que pensar muy rápido en ese instante y como tuve la precaución de ponerme unos guantes de volada levante la pistola del Blanco disparé en contra de una ventana que daba hacía la parte trasera del edificio.
Por suerte el departamento del Blanco estaba en el primer piso, sólo teníamos que saltar por esa ventana y podíamos escapar por atrás.
Todos se desconcertaron cuando rompí la ventana de un balazo y volví a arrojar al suelo la pistola.
─ ¡Me voy a llevar a este cabrón! –Les grite mientras esposaba al Blanco ─¡Moncayo jálate en mi unidad por la calle de acá atrás! –y le aventé mis llaves.
Puse de pie al Blanco y lo lleve a aventones hasta la ventana.
─ La cosa va a estar así, no tengo mucho tiempo, así que ahorita le explicas a Moncayo como va a estar el rollo. Seguramente los vecinos ya llamaron a la policía por los disparos, así que pide una ambulancia para el Chacal. Cuando llegue la policía van a decir que ustedes venían por aquí y escucharon el disparo, pero que cuando entraron al departamento el agresor ya se había brincado por la ventana y había dejado herido al Chacal.
Si quieren pueden decir que lo siguieron unas cuadras pero que se les perdió porque estaba muy oscuro, yo me voy a llevar a este angelito para arreglar unas cuentitas con él.
No le di tiempo al Mata de reaccionar cuando ya estaba fuera del departamento casi arrastrando a golpes al Blanco.
Moncayo me estaba esperando ya con la unidad encendida.
─ Regrésate, el Mata te va a explicar que hacer –le dije medio bofeado porque habíamos tenido que subir un cerrito para llegar hasta la carretera – ¡Tu súbete hijo de tu pinche madre! –agarre de las greñas al Blanco y después de azotarle la frente contra el techo de la unidad lo avente al asiento trasero y en cuestión de minutos estaba conduciendo a toda velocidad con los estrobos y la sirena prendida.
Pero hay que explicar como llegamos hasta ese lugar.
Después de hallar al segundo policía muerto, vino una tensa calma en la oficina que se rompió cuando el ruco del hotel y el tal Alex se pusieron en comunicación conmigo de vuelta para poner en marcha todo el plan.
Así fue como pudimos ubicar el departamento del Blanco. Aunque también se la llevaba tirando droga los antros del centro y la Revu, el muy idiota de pronto recibía raza en su cuchitril de la Mesa, así que decidimos cazarlo justo ahí.
Mata había estado trabajando antes en la agencia mixta, precisamente reventando tienditas o vendedores de droga en pequeño así que fue él quien urdió todo el plan, pero para eso necesitábamos un vicioso de confianza.
No se me ocurrió otro más que el Chacal.
─ Yo conozco algunos conectes ahí en los Infonavit esos, es cosa de que alguno presente al Chacal con el Blanco para que le tenga confianza.
La idea era que el Chacal le comprara droga unas dos veces, sobre todo para checar bien el terreno y ya a la tercera nosotros entraríamos en acción para agarrarlo con las manos en la masa al cabrón y así lo hicimos.
Fueron dos semanas de trabajo más o menos.
Unos días el Chacal se nos desaparecía y luego ya llegaba hasta las chanclas, pero bien puesto.
La primera vez incluso se puso a loquear con el Blanco en su departamento, porque según dijo le había caído bien.
─ No se porque lo quiere clavar jefe si el compa es a toda madre –nos dijo.
─ No me vayas a salir con una chingadera pinche Chacal, porque entonces si me vas a conocer.
─ ¡Qué pues jefe! Si yo nomás decía.
─ ¡Pues no andes diciendo!
Así se la paso como dos veces más, y ya me estaba empezando a preocupar porque el Chacal había agarrado de irse por su cuenta a comprarle chingaderas al Blanco sin decirnos nada, hasta que finalmente le leímos la cartilla.
─ Si tu crees que el Capi Colorado es un hijo de la chingada de verdad no me conoces, así que te lo advierto mañana en la noche vamos a caerle al Blanco y si me sales con una de las tuyas yo mismo voy a ir por ti y vas a arrepentirte de haber nacido.
─ No hay necesidad de ponerse violento jefe, así como usted diga se va a hacer.
Pero esa noche el Blanco ya traía dos globitos en la cabeza, y como el Chacal nunca nos dijo que tenía armas en su casa nos confiamos un poco.
El plan era que como siempre el Chacal entrara en el departamento, comprara un par de globos de cristal, y para ese momento nosotros lo estaríamos esperando afuera para que en cuanto él abriera la puerta pudiéramos entrar y detener al Blanco.
Las cosas se complicaron el Chacal tardó más de lo planeado y pensamos que ya se había quedado loqueando con este canijo, así que decidimos patear la puerta.
Eso fue lo que le salvó la vida al Chacal, porque de alguna forma, no se si entre la paniqueada del Blanco o de verdad lo había descubierto, pero total que ya lo traía encañonado y cuando entramos le disparo, pero ya antes lo había golpeado.
El Chacal alcanzó a moverse y sólo le pegó un rozón en una de las pantorrillas que lo inhabilitó, el resto ya era historia.
─ ¡Si es por lo de su amiga la bailarina, pierde su tiempo yo no se nada! –me gritó el Blanco cuando medio se recupero y se sentó bien en la parte de atrás de la patrulla.
De modo que la fichita esa me tenía bien ubicado.
─ Ahorita vamos a hablar largo y tendido cabrón, y me vas a decir todo lo que sabes, ahorita no te vayas a querer pasar de pendejo porque aquí mismo te lleva la chingada ¡me cae!