María va para arquitecto, lleva seis años estudiando con tesón y está apunto de acabar la carrera. Su vida familiar es un infierno y mal vive en el colegio mayor. Dos amigas suyas del colegio mayor que viven independientes la convencen para irse con ellas a un piso compartido. Pasado un tiempo en el piso se da cuenta que no es lo que ella creía, sus amigas guardan un secreto.
Victoria Rendle disfrutaba de unos días de descanso alejada de las complicaciones que habían hecho aparición en su vida a raíz de su primer gran éxito como novelista. En poco tiempo había dejado de ser una joven promesa para convertirse en una escritora consagrada. Santiago Arqués era un hombre alto y fuerte, de mentón decidido y rasgos angulosos. Pese a estar perfectamente afeitado, se podía intuir que tenía una barba poblada y oscura, como su ondulado cabello, que llevaba más corto por el cuello y algo más largo, aunque muy cuidado, en la parte superior de la cabeza.
THEY FORBID THE STARS TO SHINE!
After seven years of beachcombing on the pleasure planet of Mulciber, ex-engineer Johnny Mantell thought he had hit rock bottom. But when he was unjustly accused of murder, he knew there was worse to come.
Johnny had to get out. And the only place for an outcast like himself was the impregnable outlaw world of Starhaven, a refuge that defied all galactic laws.
Once there, Johnny’s only wish was to forget the past and be left alone. But the super-science dictator of Starhaven had other plans for him. And soon Johnny found himself in the midst of one of the most explosive struggles any world had ever known. If he failed, not only his own life would be lost, but the future of galactic civilization would be totally altered.
Jerry Norcriss avait rarement eu à affronter pareil problème : se retrouver dans le corps d’un bébé de trois cents mètres de haut !
Antonio Montesinos se hallaba detrás del mostrador cotejando una bandeja de joyas. Las iba contando y anotaba en un libro. Tenía ya la tienda cerrada y las persianas bajadas porque a él no le gustaba hacer aquel trabajo con la tienda abierta y a plena luz del día. Contemplando su labor, silenciosa y recostada en el mostrador pensativa se hallaba Chiti, su hija. Chiti tenía los libros a su lado, acababa de regresar de clase y esperaba que su padre terminase para subir a casa. Claro que en su casa estaba la tía y podía muy bien conversar con ella. Pero aquel día prefería esperar a su padre porque, la verdad, su padre era poco hablador, su tía lo era mucho y ella no tenía ningún deseo de palique. Antonio contaba las joyas y hacía las correspondientes anotaciones, pero, de repente, sin dejar de hacer su labor, soltó: —¿Lo dices o no lo dices? Era lo que más temía Chiti. La intuición especial de su padre. Su aquel mirarla por dentro. ¿Se daría cuenta de todo? No, no era tan fácil. —¿Decir qué, papá? —Lo que te pasa. —¿Por qué tiene que pasarme algo? El padre alzó la cara y se quedó con el brillante en la mano. Fijó los vivos ojos en el semblante preocupado dé su hija.
Berta cruzaba todos los días, a la misma hora, por delante del casino. Realmente nunca se le ocurría lanzar ni una breve mirada hacia los ventanales, considerando que nada se le había perdido tras ellos. Iba a lo suyo y caminaba aprisa, ligera, elástica. Invariablemente vestía pantalones, gruesos suéters de lana, pellizas o chaquetones de pieles y calzaba botas forradas de pelo, con el fin de guarecerse del frío. Lo hacía en aquella comarca en grado superlativo, lo que le obligaba a levantar los cuellos de sus prendas de abrigo y caminar muy apresurada. Por otra parte, llevaba tres meses escasos en aquella villa y salvo al alcalde, a un médico mayor, dos profesores de Instituto y alguien más, no conocía apenas. Los pasantes eran dos abogados mayores que en su día fueron pasantes de su antecesor, y si bien conocían perfectamente su cometido, Berta casi los ignoraba. A decir verdad, le daba corte ordenar y dirigir a personas mayores. Ella hubiera dado algo por tener a su servicio en la notaría, a personal joven, pero..., carecía de valor para darles al pasaporte, como ella pensaba. Los mismos escribientes llevaban en la notaría años y años y tampoco Berta se sentía con fuerza para cambiarlos. Por otra parte era gente diligente, sabía su oficio y no estorbaba en absoluto.
C’était le plus riche trésor de la galaxie. Pour l’obtenir, il suffisait de mourir auparavant !
La secretaria lo miró un instante. No lo conocía. Estaba dando su nombre y ella pensaba que no se parecía nada a Wang Andersson, pese a que decía ser Fred Andersson. Míster Andersson, el arquitecto, era un hombre sencillo, vulgar de aspecto, algo gordito, algo calvo. En cambio aquel que tenía ante ella y que decía llamarse Fred Andersson era un hombre alto, arrogante. —Le he dicho que mi hermano me espera. —Sí, señor. Fred se impacientaba. —O paso yo o le advierte usted de mi llegada. La secretaria sacudió la cabeza. Pensaba qué la ciudad de Billings no era precisamente una gran urbe. Allí se conocía todo el mundo, pero debía tener en cuenta que ella procedía de Helena y que sólo hacía dos semanas que estaba al servicio del arquitecto. —¿Le anuncia usted mi llegada o paso? —preguntó Fred impacientándose. —Oh… perdone. En seguida. Con las mismas abrió la palanca del dictáfono y se oyó una voz grave y firme: —Dígame, Mey… —El señor Andersson está aquí, señor. —Que pasé inmediatamente. Mey señaló la puerta del fondo. —Por ahí, señor. Fred giró sobre sí y Mey pudo verlo mejor.
La drogue ferait-elle son effet ? Oui. Mais en quoi consistait-elle ?
—¿Y estos libros, Paola? La aludida elevó los ojos. Eran claros, de un marrón casi canela. Sus negras pestañas se abatieron. —No, Mag. Si te gustan, quédatelos. —Pero… Paola se incorporó, a medias, en el canapé donde se hallaba tendida. Miró en torno con expresión vaga. No olvidaría con facilidad aquel cuarto del colegio compartido desde mucho tiempo antes con su compañera Mag. —Me gustaría quedarme aquí —dijo, con voz lenta—. Hubiera sido bonito terminar los estudios. —Escríbele a tu tío y díselo así. Tal vez acceda. Paola no era de las que pedían. Habían decidido su destino, su vida. Decidida estaba ya. Mag dejó la maleta que estaba llenando y se acercó al canapé. Miró a su amiga con ansiedad. —A los diecisiete años… nadie tiene derecho a detener una mente estudiosa. El hecho de que tu padre haya muerto y tu tutor te reclame, no quiere decir que no puedas escribirle y manifestarle tu deseo de continuar estudiando. Paola se sentó y echó los pies al suelo. Vestía uniforme del colegio. Falda plisada de color azul. Camisa blanca. Sobre el lecho próximo había un vestido de calle que pensaba ponerse tan pronto estuviera lista su maleta y el auto esperándola para ir a Carlisle. —No me reclama mi tío, Mag —dijo, con vaguedad—. Es demasiado viejo para ocuparse de estas cosas… Me reclama mi tía política, la esposa de un hermano de papá. Mag se arrodilló ante su amiga.
Il y avait l’homme, et il y avait le partenaire. À eux deux, ils menaient dans l’espace un combat psychique sans merci.
—Míster Newton, es una mujer. Thomas Newton, que llenaba su pipa, sosteniéndola con una mano mientras sujetaba con la otra el taleguiilo del tabaco de hebra, alzó un poco los párpados y su mirada desconcertada se fijó en él capataz. Frank Smith se dio cuenta de que su amo no había comprendido. —Digo que el doctor Morton no ha regresado del hospital y que la que ocupa su lugar en la consulta es una mujer. —¿Médico? —Eso es. —Ah. Y como la pipa ya estaba repleta, la prendió y fumó con afán. —Veamos; quieres decir que James Morton continúa en el hospital y que una mujer médico ocupa su lugar. —Ni más ni menos. —No tengo prejuicios contra las mujeres médicos —apuntó Thomas indiferente—. El caso es que venga. ¿Cuándo ha dicho que lo haría? De ser James Morton ya estaría aquí en su caballo o su viejo auto. —Eso es lo que yo le dije a la doctora; pero ella me respondió que ha venido destinada a la comarca a atender enfermos, no a visitar a uno solo. —Muy interesante. De todos modos, dime, ¿cuándo vendrá? —Una vez cierre su consulta, y parece ser que hoy a todo el mundo se le ocurrió ponerse malo, porque la tenía llena. —Supongo que le habrás dicho que sus enfermos son todos mis colonos y que la enferma que debe visitar sin dilación es mi abuela. —Sí por cierto Pero ella continuó limpiando una herida en la pierna de un agricultor. Precisamente la de Peter Morris.
Liver: A Fictional Organ With a Surface Anatomy of Four Lobes
Will Self’s remarkable new stories center on the disease and decay that target the largest of human organs: the liver. Set in locales as toxic as a London drinking club and mundane as a clinic in an ultraorderly Swiss city, the stories distill the hard lives of their subjects whether alcoholic, drug addict, or cancer patient. I n “Fois Humane,” set at the Plantation Club, it’s always a Tuesday afternoon in midwinter, and the shivering denizens of this dusty realm spend their days observing its proprietor as he force-feeds the barman vodkaspiked beer. Joyce Beddoes, protagonist of “Leberknödel,” has terminal liver cancer and is on her way to be euthanized in Zurich when, miraculously, her disease goes into remission. In “Prometheus” a young copywriter at London’s most cutting edge ad agency has his liver nibbled by a griffon thrice daily, but he’s always in the pink the following morning and ready to make that killer pitch. If blood and bile flow through liverish London, the two arteries meet in “Birdy Num Num,” where “career junky” Billy Chobham performs little services for the customers who gather to wait for the Man, while in his blood a virus pullulates. A moving portrayal of egos, appetites and addictions, is an extraordinary achievement.
Peter Kleiser, jefe supremo de una fábrica automovilística a las afueras de Detroit, es un hombre casado y con dos hijos al que sus empleados ven como una persona poco bondadosa y tirana. Es un hombre serio y con poca vida familiar, en quien Cathy, una atractiva e inocente joven de 22 años que acaba de conseguir el puesto de secretaria, consigue despertar cierto interés personal.
When their spaceship explodes on a hostile planet, three survivors face certain death unless they can reach a special beacon which will enable them to contact the nearest rescue station.
Hubo un hecho que hizo que Óscar sustituyera la golfería por la austeridad. Sólo él conoce lo que ocurrió. Un día Ándres, como él llama a su padre, viudo hacía mucho, le contó que tenía intenciones casaderas con Kim, una muchacha mucho más joven que él a quien no hacía mucho que conocía. Óscar, tras conocerla, se dio cuenta de que la amaba desde hacía mucho tiempo y que debía robarle a Kim el cariño de su padre...
Stuart ama a Judy desde que a su regreso de Bristol, llegó a Irlanda y encontró a una muchacha morena de grandes ojos negros, convertida en mujer. Ella, que lo ignora, cree que son de personalidades totalmente opuestas y no ve más allá de una mera relación de amistad. Por un malentendido y por el qué diran, la madre de Judy, Marie Eden, aun sabiendo su opinión y sentimientos, la obliga a casarse con Stuart quien promete dejarla libre si se enamora de otro hombre...