La buena esposa
Bien mirado, Anna es una buena esposa: cuida de su marido y de sus hijos en un barrio residencial de Zúrich, se encarga de la casa y de la compra y no toma ninguna decisión importante sin que toda la familia la apruebe. También es cierto que dejó Estados Unidos hace nueve años y aún no domina esa nueva lengua que todos hablan a su alrededor. Anna no tiene palabras para contar su tedio, pero tiene un cuerpo que se abre a quien lo quiera. El sexo en hoteles apartados o en los apartamentos de sus amantes ocasionales es el bálsamo que la consuela. Son mañanas y tardes de pocas palabras y gestos convulsos, llamadas desesperadas de madrugada para buscar consuelo donde no lo hay, y un cansancio infinito. Luego, cuando todo acaba, Anna vuelve a ponerse las medias y la sonrisa que corresponden a una buena esposa, y camina resignada hacia el hogar.¿Cuánto va a durar la farsa?